LA MUERTE DEL ESCRITOR

Voy a ser terriblemente sincera en esta entrada que llevo tiempo pensando en escribir, pero no sabía de qué modo enfocarlo para que mis palabras no se malinterpretasen. Este mes debería hablar de mi nueva novela, la que se va a publicar en diciembre, fingiendo que no pasa nada. Podría haber empezado diciendo lo que me costó llegar a una portada que me gustase (siempre sucede), o tal vez os gustaría que comentase el libro que acabo de terminar y me ha encantado (El profesor de baile y la señorita Seymour de Eleanor Rigby, editorial Selecta) o recomendar esa serie que veo en versión original mientras plancho (Fleabag). Pero ya empiezo a cansarme un poco. No me gusta fingir. El postureo del escritor está muy bien, sobre todo cuando tienes novela nueva y estás en plena promoción, pero mira que yo no llevo muchas novelas escritas y ya me doy cuenta de que todo esto es como un globo. Tardas un montón en inflarlo, luciendo grande y bonito, para que luego tarde un segundo en desinflarse y quedarse en el suelo olvidado.

¿Cuánto tiempo tardará mi próximo proyecto en caer? ¿Un mes? ¿Dos? ¿Tres? Para una novela ser mencionada por los blogs (cada vez hay más) después de tres meses de su publicación es casi un milagro, y ya ni siquiera hablo de salir en los rankings que fluctúan a cada hora igual que la bolsa. No hablo de mí, estoy hablando de todas nuestras novelas, queridas compis. Esas que un día antes de publicarse ya están siendo pirateadas y compartidas en las webs. Me gusta escribir, pero todo este proceso de ser escritor desanima bastante. No es para nada proporcional el tiempo invertido (en la novela que estoy escribiendo ahora ya llevo más de un año, y lo que me queda) con el tiempo que la novela se considera “jugosa” para los lectores.

Puede que esté entrando en una especie de crisis, no lo descarto. Ya que no solo empiezo a mirar con recelo lo que escribo, también lo que leo. Y muchas veces me parece muy injusto que estemos vendiendo a precios irrisorios nuestros trabajos porque la gente ya no los lee al no ser novedad, permaneciendo para siempre en su lista de pendientes. Por eso este pequeño grito de rabia en mi propio blog, en parte para desahogarme, en parte para reivindicar nuestro trabajo (que es la suma de nuestro tiempo sacrificado con el esfuerzo para conseguir algo realmente bueno).

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4 comentarios sobre “LA MUERTE DEL ESCRITOR

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  1. Al entrar en una librería te das cuenta de lo complicado que es el que un lector te elija entre los cientos de títulos que hay. Es verdad que no está pagado, es verdad que el tiempo invertido, el esfuerzo volcado, no tienen muchas veces compensaciones (a veces el globo pincha en dos días), pero hay magia en lo que hacemos y es lo más especial que vamos a dejar a los nuestros.

    Tal vez sí es una crisis, Caridad, pero se pasan.

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    1. Lo sé, Mayte. Influye que la novela que estoy escribiendo me está costando mucho y no sé hasta qué punto gustará, y que mis hijos son pequeños y cada vez cuesta más ponerse a escribir después de todo el día con ellos. Por eso cuando pongo cosas en la balanza, al principio escribir era de lo primero, ahora ya no tanto. Pero no renunciaré, ni por supuesto voy a dejar de leer, de eso puedes estar segura.

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  2. Entiendo tu frustración, Caridad, creo que todos los que nos dedicamos a esto de escribir podemos compartirla. Invertimos mucho en nuestras novelas: tiempo, esfuerzo, ilusión y mucho más. Creo que tienes razón en todo lo que expones: sobre el postureo, la piratería, el escaso reconocimiento económico, la fugacidad de las novedades en un mercado saturado…, pero también es cierto que si hay un puñado de lectores, por pequeño que sea, que disfruta de nuestras historias, que conecta con esos personajes que han salido de nuestras cabezas, merece la pena. Y, al final, escribimos porque nos abemos no hacerlo. Un abrazo.

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    1. Hola Marian, primero gracias por leer mi entrada y compartir tu opinión conmigo. Sí, tienes toda la razón. A veces me enfado pero después me doy cuenta que las cosas ya estaban así cuando empecé, no es que haya cambiado durante el proceso. Por otro lado, cada vez más soy consciente de que no escribo para mis familiares y amigos, sobre todo cuando veo el número de descargaras y pienso: “pues yo no conozco a tanta gente”, así que en consideración suya hago el esfuerzo. Y por mí también, que conste, si no me volvería loca. (Aunque puede que ya lo esté y eso que no he dejado de escribir).

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